Juan Duns Scotto
Nació el 8 de noviembre de 1266 en Escocia, su familia era devota de los hijos de San Francisco de Asís; en 1280 fue admitido en la Orden de los Frailes Menores, allí perfecciono su formación y la vida espiritual; el 17 de marzo de 1291 fue ordenado sacerdote, y fue enviado a Paris para completar sus estudios, después de terminar sus estudios en París empezó su docencia en Cambridge, Oxford, París y Colonia. Como teólogo, defendió la humanidad de Cristo y preparó la base teológica para la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Fue expulsado de París por un conflicto entre el Papa Bonifacio VIII y el rey Felipe IV de Francia, al año siguiente, pudo volver allí y retomar la enseñanza tanto de filosofía como de teología, fue Catedrático en 1306 y produce con un equipo de colaboradores el Ordinatio una edición de su comentario a las Sentencias, y en 1307 otra vez es expulsado de Paris y viaja a Colonia para ser catedrático de la casa de estudio franciscana, donde murió el 8 de noviembre de 1308, fue siempre fiel al servicio de aquella verdad que había sido su alimento espiritual cotidiano, la había asimilado con la mente, en la meditación, y la había difundido eficazmente con su palabra y sus escritos, dirigía sus intenciones e ideales congénitos, que lo llevaron a centrar en Jesucristo todos sus pensamientos y sus afectos, y a desarrollar un profundo y sincero amor a la Iglesia, fue confirmado como beato el 20 de marzo de 1993 por el Papa Juan Pablo II; también fue reconocido como el DOCTOR SUTIL por la sutileza en sus análisis.

Duns Scoto fue una figura central de la escolástica tardía, fue uno de los franciscanos que rechazo el intelectualismo y el racionalismo de la filosofía de Tomas de Aquino, pues según Santo Tomas, Dios era inteligencia y razón infinita; el hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, era inteligencia y razón finita; consecuente, la razón humana podía descubrir algo de la ley eterna y divina, mientras que Scoto por el contrario entendía a Dios como libertad infinita e incondicional; ante esta libertad o voluntad divina, la razón es impotente; la razón no puede acceder a ningún conocimiento de Dios ni ninguna ley eterna.
Aunque también es más crítico aún del agustinismo de Enrique de Gante, Escoto señala que, así como el objeto propio de la Teología es Dios en cuanto Dios, el objeto propio de la Metafísica es el ser en cuanto ser. Por eso la Metafísica no puede alcanzar a Dios sino en cuanto éste es ser. Pero si bien la Metafísica estudia al ser en cuanto ser y no a un tipo de ser en particular, se ve limitada para abordar su objeto al contar sólo con el conocimiento sensible. No conoce de modo directo a los seres inmateriales (ángeles, Dios). Para salvar esta desproporción entre el objeto de conocimiento de la Metafísica (el ser en cuanto ser) y su fuente de conocimiento (lo sensible), Escoto considera que se debe dar una noción de ser tan completamente abstracta que pueda aplicarse a todo ser en un mismo sentido (sentido unívoco).

Sus demostraciones, si bien parten de nociones tomadas de la experiencia, prescinden de lo sensible y operan en el plano de lo posible, universal y necesario; ya que lo que vale para lo posible vale también para lo real, peno no se da necesariamente lo mismo a la inversa.
Al abordar la relación entre el ser infinito y los seres finitos, se distancia de Avicena, quien sostenía que lo posible procedía de la necesario por necesidad. Escoto sostendrá que lo finito procede de lo infinito por un acto de libertad. Y a la libertad divina la entiende como limitada sólo por el Principio de No Contradicción y no por el bien, que depende de la voluntad de Dios. Lo que es bueno, es bueno porque Dios lo quiere y lo manda. Si él lo hubiese querido, otras podrían haber sido las leyes morales, para Escoto el voluntarismo desplaza al intelectualismo, con el fin de ubicar a Dios por encima de toda necesidad, y considerando que todo entendimiento es una naturaleza, afirma que Dios está por encima de sus ideas.

Respecto de los universales, se pregunta qué diferencia habría entre la Metafísica (cuyo objeto es el ser) y la Lógica (cuyo objeto son los conceptos) si sólo fuesen un producto del entendimiento. Para salvar esta dificultad, Escoto considera a la esencia como indiferente respecto de la individualidad y la universalidad. Ella contiene virtualmente a ambos modos de ser. El universal es la esencia captada en los individuos por el entendimiento. El individuo, por su parte, se explica por la "hecceidad", acto último que concreta en lo singular la forma de su especie.

Escoto entiende, al igual que Anselmo, que es posible una "Metafísica Cristiana" que, partiendo de las verdades reveladas sobre Dios y la inmortalidad del alma, las analice y piense filosóficamente.
En cuanto al obrar del hombre, Duns Escoto sostiene que la voluntad es la causa total de los actos voluntarios. No niega la intervención del intelecto, porque debemos conocer algo para quererlo, pero afirma que, si bien las ideas determinan la voluntad, previamente la voluntad determina la selección de esas ideas.

Me parece que este autor planteo su teoría basándose en otros autores pero afianzando su postura con respecto a ellos como lo hizo con Santo Tomas, se basaba en este pero sin dejar a un lado su postura, retomando estas teorías para reforzar la de él mismo; su teoría está ligada a lo que nos han enseñado, pues Dios es infinito e incondicional, pero siempre hay una incógnita sobre si Dios existe o no ó si la razón está por encima de este, se han demostrados muchas posturas las cuales podrían ser ciertas, lo que deja más preguntas sin respuesta, y es ahí donde hay diferencias entre los que creen y los que no, pero aun así muchas personas seguimos creyendo en lo que nos han enseñado pues muchas veces es un sentimiento que pasa sobre nosotros y no algo sobre verdad, sobre creer o no creer.
http://www.fratefrancesco.org/santos/minorit/11-08-scoto.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Duns_Scoto